Reflexión sobre: “La aventura de ser Maestro”. En relación a lo que rescato de mi confrontación.
Empezar analizando las polaridades; lo que pone ansioso, sobre todo al principio o cuando se imparte por primera vez una asignatura debe ir cediendo gradualmente pero sin desaparecer por completo nunca pues se convierte en una alarma saludable que permite mantenerse alerta, preparado, documentado; actualizado a los requerimientos diarios, a las innovaciones. Cuando la ansiedad es neurótica se convierte en frustración, en depresión, en mal carácter: como diría Carlos Díaz “Cometen un crimen de lesa pedagógico”. Se habla del “maestro quemado”, enfermo por que se equivoco de profesión o por que no supo crecer en ella, acorde a las demandas de la misma. Me considero satisfecho por lo que doy y por lo que recibo, siempre con algo de ansiedad que me sirve como motor para nutrirme, o como alarma para corregir.
Con respecto al sentir me quedo con su propuesta humanista, divertirse con su trabajo, asumir como un compromiso importante el enseñar a pensar.
En lo referente a la identidad bien toca el mencionar como primer punto aceptar ser profesor eso queda en el sentir y en la identidad, no puede sentirse quien no se prepara “consolidar el repertorio pedagógico y especializarse”, pero en esencia ser humano y humanista, al servicio del aprendizaje, humildemente sin afanes protagónicos.
Al señalar la comunicación e interacción percibo a la Programación Neuro-Lingüística, nos proporciona, inumerables técnicas y modelos de comunicación para determinar, calibrando, sintonizando, reencuadrando, anclando, analizando las modalidades y submodalidades perceptuales de los alumnos podemos lograr desarrollar al máximo sus potenciales humanos.
Coincido que la disciplina la da la propia confianza y el saber que al ser captado por el alumno va puntendo la relación interpersonal en un espacio educativo, poder adaptarse al nivel de un alumno es un ejercicio de humanidad insustituible en el docente en su identidad para su práctica.
En cuanto al orgullo de ser profesor, de escuchar con gusto que le dicen a uno: “¡ Profe” es el corolario para mi de que voy caminando, pertenezco y soy depositario de un tesoro que necesito compartir: el aprendizaje.
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Hola Roberto
ResponderEliminarNo se por que no puedas entrar a mi blog, pero yo si puedo entrar al tuyo y así podemos interactuar.Leyendo tu reflexión de la aventura de ser maestro, hay algo que puntualizas muy bien; ese nerviosismo y ansiedad siempre deben sentirse y canalizarse hacia la buena preparación,documentación, actualización etc.,porque si caemos en el confort de que todo ya lo sabemos , entonces no cubrimos las espectativas de nuestros alumnos que siempre esperan lo mejor de nosotros.
Saludos.